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¿Ir a la tienda o comprar por Internet?

¿Qué tiene un menor impacto ambiental: ir a comprar a la tienda o adquirir el mismo producto por Internet para que nos lo traigan a casa?

Por lo general, lo ideal sería acercarse andando al establecimiento de la esquina para adquirir un artículo que haya sido fabricado lo más cerca posible. Pero esto no es fácil de conseguir hoy en día: lo más habitual es que aquello que compremos venga de bastante más lejos y a menudo no estará tampoco en la tienda de la esquina (es más, con la forma de urbanizar en algunas ciudades tampoco sería extraño que no hubiera tienda alguna en la esquina). Las fórmulas para realizar una compra suelen ser mucho más variadas y a menudo resulta complicado saber cuándo será mejor ir a un comercio y cuándo comprar por Internet.

Un estudio de 2008 (revisado en 2011) de la Universidad Carnegie Mellon concluyó que se gasta cerca de un 30% menos de energía si se compra un dispositivo como una memoria flash por Internet en lugar de ir a una tienda en EEUU. Sin embargo, este trabajo analiza la logística específica de la empresa buy.com y utiliza un escenario de partida con un hábito muy estadounidense (cada vez más extendido en España) que condiciona por completo los resultados: los investigadores de esta universidad de Pittsburgh consideran que el consumidor que va a la tienda lo hará conduciendo su coche privado (en un viaje de ida y vuelta de entre 3,2 y 32 kilómetros). Se basan en la Encuesta Nacional de Transporte de los Hogares (NHTS) de EEUU, de la que se desprende que para ir a comprar los estadounidenses conducen, de ida y vuelta, una media de 14 millas (unos 22 km).

Si bien cada caso resulta distinto y hay que tener en cuenta otras muchas variables, el coger el coche para comprar suele ser determinante. En el trabajo de Carnegie Mellon, los investigadores estimaron que el conducir hasta la tienda suponía el 65% de la energía primaria gastada en el transporte del producto a lo largo de toda la cadena de distribución desde que salía de fábrica. En el estudio específico de la memoria flash, esto hacía caer la balanza del lado del comercio electrónico aunque se utilizase en el transporte un avión. Entre comprar por Internet o ir a comprar en coche, “normalmente suele ganar el comercio electrónico, a corto plazo, en energía y emisiones, pero depende del sistema base utilizado”, asegura por correo electrónico Scott Matthews, uno de los investigadores de Carnegie Mellon.

Matthews llevó a cabo hace unos años otro análisis bastante curioso con ‘Harry Potter y el cáliz de fuego’. Según este investigador, la entrega por parte de Amazon y FedEx de 250.000 copias de este libro en papel por todo EE UU en las primeras horas de su lanzamiento supuso en su día un récord en comercio electrónico, pero también en generación de residuos de cartón. Cada ejemplar de ‘Harry Potter y el cáliz de fuego’ pesaba 1,1 kilos y era transportado dentro de un paquete individual de cartón de cerca de 400 gramos suplementarios. De forma habitual, el impacto ambiental del embalaje va a ser mucho más importante en el comercio electrónico.

Quizá la entrega a domicilio evitase que cada comprador fuese a la librería subido en un automóvil deportivo. Pero, aún así, el análisis de Matthews llama la atención sobre los 100 aviones y 9.000 camiones utilizados para que esos lectores tuvieran el privilegio de tener en su casa el libro de Harry Potter a las pocas horas de su lanzamiento. La rapidez en la entrega también incrementa la huella ambiental de una compra, pues este investigador calcula que el uso del avión supone un gasto de carburante tres veces mayor por tonelada-kilómetro que el del camión, y todavía mayor que el del barco o el ferrocarril (menos utilizados en comercio electrónico). Por supuesto, también existiría la posibilidad de comprar directamente una versión digital del libro (como ocurre también con la música), lo que reduciría por completo el coste del transporte o de los materiales. Aunque luego habría que calcular el consumo de energía del dispositivo donde vaya a leerse, pues en muchos productos, como equipos electrónicos o ropa, va a ser mucho mayor su consumo de energía durante su uso, que a lo largo de todos los viajes necesarios para su fabricación y distribución.

Normalmente, la eficiencia del transporte va a depender mucho de cómo esté montada la cadena de distribución y de cómo se aproveche el espacio para la carga. El primer estudio de Carnegie Mellon muestra que el consumo de energía será menor cuánto menos almacenes intermedios sean utilizados y cuánto más directo sea el trayecto. También influirá cuánta carga se puede transportar a la vez. Quizá estas cuestiones de logística parezcan a algunos insignificantes, pero la cadena de supermercados Mercadona dejó de utilizar 1.800 camiones al año (con el ahorro en euros que esto supone) simplemente por transportar el pan de molde en vertical en lugar de en horizontal, lo que permitía meter muchos más paquetes en los camiones hasta sus tiendas.

Otro caso también en España es el de las naranjas. Internet permite conectar a los productores con los compradores sin intermediarios y cada vez son más los agricultores que ofrecen llevar naranjas directamente del campo a cualquier domicilio de la Península en servicio urgente.

En el sistema convencional, para llevar naranjas de Valencia hasta los supermercados de Madrid, por ejemplo, se suelen utilizar camiones muy grandes, capaces de transportar mucha carga a la vez. Se trata de tráileres que pueden llevar unas 20-21 toneladas de naranjas y que van a consumir unos 40-42 litros de gasóleo a los 100 km. Recorren los 400 kilómetros hasta Madrid y descargan en el mercado central de la ciudad –Mercamadrid– o en la plataforma logística de la cadena de supermercados concreta. Luego, las naranjas se trasladan hasta las tiendas de la ciudad, junto a otros productos, en camiones más pequeños o furgonetas.

Si las naranjas se compran por Internet, el viaje se hace en un servicio urgente. Según aseguran en citrinova.com, empresa de Carcagente, ellos cortan las naranjas del árbol a demanda (dicen que no cortan si llueve, porque no se puede meter la fruta mojada en la caja de cartón). Se comprometen a poner el pedido en cualquier punto de la Península en menos de 48 horas, aunque se trate se una sola caja de 10 kilos de naranjas. Para ello, tienen contratada una empresa de reparto urgente (Envialia): una furgoneta pasa a recoger esa caja y la lleva a una plataforma de Valencia, donde es asignada a una ruta. El trayecto hasta Madrid se hace en camiones pequeños capaces de llevar 4.000 kilos de carga, con un consumo de unos 28-30 litros de gasóleo cada 100 kilómetros. El viaje se realiza de noche, la caja se descarga en una plataforma de Madrid de madrugada y desde allí es entregada a domicilio por una furgoneta por la mañana.

Si nos limitamos al carburante utilizado en carretera, el kilo de naranjas de la tienda va a gastar bastante menos energía (aunque se cuenta también el traíler de vuelta a Valencia, que tiene que volver con cajas vacías reutilizables). Claro que el resultado puede ser distinto si se tienen en cuenta otros factores o si el encargo por Internet se efectúa a un agricultor más cercano o con más tiempo, como hacen algunos grupos de consumo que realizan pedidos regulares de fruta y verdura a productores más próximos.

El consumidor habitual no tiene mucha información sobre la cadena de suministro de cada artículo. Por lo general, le resultará muy complicado saber si es mejor adquirirlo en Internet o acudir a la tienda. Sin embargo, sí que puede tomar algunas decisiones que reduzcan el impacto de su compra. Por ejemplo, ir a la tienda andando o en transporte público. Si uno necesita coger el coche (sobre todo, si la compra es pequeña o el sitio está lejos), probablemente sea mejor hacer un pedido por Internet para que se la traigan a casa si el establecimiento cuenta con un sistema eficiente de reparto. Aunque todavía será peor si se va en vehículo privado al establecimiento y luego deja la compra allí para que la entreguen más tarde en su domicilio. Asimismo, si uno encargo un artículo por Internet también debe tener en cuenta que cuánto más urgente o de más lejos sea el pedido, mayor será su impacto. ¿Qué opináis vosotros?

Por: Clemente Álvarez

www.elpais.com

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